Reconocimiento
(para Eduardo Arana)
Mi preciado amigo hoy que estoy cayendo,
me despido y te despido como los héroes que somos y fuimos,
mi querido amigo, eres el fantasma de todas mis vidas,
el que resuena en el corazón de los demás que se han ido,
en cada latido que permanece aquí,
en un respiro que se adhiere en la última bocanada que se busca,
en el camino que no nos reconoce,
donde todo lo que hemos tenido es un dulce respiro que arde en los labios,
donde lo aprendido es un regocijo en la familia y el linaje.
Reconozco que lo que atesorado es desperdicio de protocolos,
sin encontrar un recuerdo que permanezca,
en la suciedad que nos corona, desde una silla rota que no se puede reparar,
en la sequía de no saberte; todo se vuelve un inicio;
un millón de suicidios que hieren lentamente lo ficticio
una lágrima en el viento, una tristeza que se adhiere
en lo más profundo de mi caída,
cuando Dios abre los brazos y yo niego los míos a los suyos.
Cuando el amanecer llega soy el que se está despidiendo,
el primero que lo estará recibiendo, con todos los secretos,
con una reputación quebrantada, corrompida y violada,
con una historia que se agita en la epilepsia de sentirte cerca de mi.
Se que te hallaré en el camino de la muerte, que nos recordará por siempre,
como cualquier otro que no fuimos, y siempre deseamos ser,
permaneciendo inamovibles e incrédulos, con todas las dudas
cuando la mente no da las respuestas, sólo cuestiona lo incuestionable,
cuando muchas veces he repetido la misma historia,
cuando he quedado en el camino de la duda,
cuando el dolor se acomoda en una silla vacía dentro de mi.
Los llamábamos, los sabíamos,
fuimos la llave de todo lo que se desbarata,
todo lo que conozco tiene su nombre y el tiempo es una falsedad,
me pregunto cuando vendrás y si yo seguiré recorriendo mis rincones,
los que me vuelven un emperador que nunca deja de caer,
con todas las rosas que están desapareciendo,
observo el dolor que me regala aquello que no vuelve,
caigo como una sombra que se siente en el tiempo que aún permanece.
Cuando repare la vida que se burla de todo lo roto,
en el campo más real, en el llanto que queda en el destierro,
quise herirte y buscarte nuevamente
lo que negué se queda en el poniente,
lo que he recorrido es un absoluto abrazándome,
un inicio que lento mira sin observar,
los intentos de ser a la distancia que ahora es,
cada vez se acerca y desciende en acero de lo que pudo ser para ambos,
con las aproximaciones que jamás nos volverán a ver,
Cuando los recuerdos, la memoria se derrumben
aplastando el imperio de suciedad que arrastro,
en las risas que jamás podré entregar,
permanezco en la fidelidad de ser en ti,
una insistencia que se desangra en su silencio,
alrededor de los errores que no puedo remediar,
permanezco junto a ti, como un confinamiento que se duele,
en un millón de reencuentros contigo y conmigo,
en la vereda del tiempo que deseamos,
subiendo y tomados de la vida que ya no nos tiene,
que es como cualquier otra, en la inmensidad de mi partida.
En infinidad de vidas, al final de cada una,
pido intentarlo de nuevo, sintiendo al universo que gira y se mueve,
descubro que lo que sabía en ese entonces fue una revelación
que en este despertar las falsedades, indecisiones y temores
eran el indeseado invitado a la cena.
Mi amado amigo, mi niño de lejanas distancias,
eres un poster que vigila todo recuerdo que regresa al camino,
en las jerarquías que resbalan cuando arriba la lejanía;
desearía coronarte mi asesino, un homicida de todo y todos,
siempre he sabido que eres el motivo y propósito,
con el cáncer, motivo de hierro que me olvida,
cuando todo vuelve a comenzar
cuando le busco en la rapidez de una lágrima que nunca pude derramar;
envuelta de cansancio y coronas rotas se crea.
El cosmos no reconoce las reglas ó leyes
me otorga otra oportunidad, repitiéndose infinidad de veces
el desencanto me ciega a la realidad, todo lo que me han enseñado
está dando mil vueltas, la ira permanece en la sordera de todos los que amo,
la podredumbre humana permanece alrededor de ellos,
con todos mis corazones latiendo, con un cambio de señales,
con seis millones y una más de oportunidades,
con una canción que es la redención de todas esas desapariciones
y la esperanza de saber que infinidad de veces el tiempo se detendrá
y yo seré el único conciente de ello,
cuando la humanidad me rechace y aparte,
cuando sea señalado a la mitad del camino de sus vidas,
cuando el llanto y lo incierto se hagan una permanencia,
A medio amanecer, en un edificio, en su incólume destello;
un resplandor distinto a los anteriores para mi, para él y para todos,
porque en ésta repetición, se juega el inicio y la continuidad,
sin temores, sin agachar la cabeza, levantando la vista al cielo,
regalándole una sonrisa que corresponde en mutismo,
con un día nuevo que no recordaba,
cuando te siento llegar dulce y lentamente, con la sorpresa,
más allá de todas las dudas que se ciñen alrededor,
dándole movimiento a la corrompida espiral,
equilibrando el dolor y la pena, en la plenitud que arriba.
esperando verte llegar como en cada vida que nos otorgan,
para hallarnos y ser ambos en el otro que no hemos sido,
con la ternura que otorga un empalidecido amanecer,
en los rincones más lejanos de la ciudad y sus hostiles habitantes,
en la comunicación,
en silencio,
en la voz que nos preserva, guía y determina.
EDUARDO FABIAN ARANA SEGURA